Cuando empezamos a trabajar con pacientes con disfagia, una de las primeras dudas suele ser:
“¿Qué maniobras funcionan mejor y en qué casos debería aplicarlas?”
Aunque no hay una única estrategia válida para todos, sí existen tres maniobras que, bien seleccionadas y aplicadas con un objetivo claro, pueden marcar un antes y un después en la eficiencia y seguridad de la deglución.
En esta entrada quiero hablarte de tres imprescindibles: la Maniobra de Masako, la Maniobra de Mendelsohn y la Deglución Esforzada.
Vamos por partes.
La maniobra de Masako —también llamada “tongue-hold maneuver”— busca incrementar el contacto de la pared faríngea posterior durante la deglución para mejorar el vaciamiento faríngeo.
Cómo se realiza:
El paciente coloca la punta de la lengua entre los dientes incisivos.
Manteniéndola ahí, realiza una deglución.
El objetivo es que la falta de apoyo lingual obligue a una mayor contracción faríngea.
La maniobra no se realiza con alimento, únicamente en seco, porque puede aumentar el riesgo de residuos y aspiración si se combina con un bolo.
Es especialmente útil en pacientes que presentan:
Debilidad faríngea posterior.
Residuos en valléculas y senos piriformes.
Disminución del movimiento de base de lengua.
Es una maniobra eminentemente rehabilitadora, más que compensatoria.
Evítala en:
Pacientes con pobre sensibilidad faríngea.
Casos en los que intentar tragar saliva ya supone un reto importante.
Personas con dificultad para seguir instrucciones motoras.
Mayor contracción de la pared faríngea posterior.
Reducción de residuos faríngeos.
Mejor propulsión del bolo gracias a un aumento compensatorio del trabajo faríngeo.
La maniobra de Mendelsohn busca mantener la elevación laríngea durante unos segundos para favorecer la apertura prolongada del esfínter esofágico superior (EES).
Cómo se realiza:
El paciente inicia una deglución normal.
Cuando nota que la laringe “sube”, la mantiene elevada voluntariamente.
La sostiene 2–3 segundos antes de permitir el descenso.
Puede requerir práctica guiada al inicio.
Especialmente indicada en pacientes con:
Escasa elevación laríngea.
Pobre apertura del EES.
Residuos faríngeos por tránsito lento.
Puede utilizarse tanto como compensación como parte de un entrenamiento activo para la musculatura suprahioidea.
Evítala si:
Hay deterioro cognitivo moderado-grave.
Existen dificultades respiratorias que limiten el control del aire.
Mayor elevación laríngea.
Apertura ampliada y más eficiente del EES.
Menos residuos en valléculas y piriformes.
Mejor coordinación entre respiración y deglución.
La deglución esforzada implica pedir al paciente que “trague con fuerza”, logrando un aumento voluntario de la presión generada durante la fase faríngea.
Cómo se realiza:
El paciente prepara el bolo (o saliva).
Indicas: “Aprieta fuerte al tragar, como si quisieras empujar todo hacia abajo”.
El paciente ejecuta una deglución con esfuerzo consciente.
Es de elección en pacientes con:
Residuos faríngeos por debilidad.
Poca presión de base de lengua.
Disminución de la fuerza faríngea global.
Es útil tanto como estrategia compensatoria (en el momento del bolo) como ejercicio de rehabilitación funcional.
Precaución en:
Pacientes con espasticidad importante.
Situaciones donde aumentar la presión pueda descoordinar la fase respiratoria.
Menos residuos faríngeos.
Mayor presión de propulsión durante la deglución.
Mejor eficiencia general del tránsito faríngeo.
¿Cómo elegir la maniobra adecuada?: piensa en funciones, no en recetas
Antes de seleccionar una maniobra, pregúntate:
¿Qué función está alterada?
¿La maniobra busca compensar, rehabilitar o ambas?
¿El paciente puede realizarla de forma segura y consistente?
¿Tengo evidencia (clínica o instrumental) de que puede beneficiarle?
Las maniobras deglutorias no son “trucos”, sino intervenciones terapéuticas que deben aplicarse a partir de un razonamiento clínico sólido.
Para que tengas todo esta información a mano, he preparado una mini-guía con estas 3 estrategias para que la imprimas y la tengas a mano cuando cuando vayas a trabajar con tus pacientes:
Fujiu, M., & Logemann, J. A. (1996). Effect of a tongue-holding maneuver on posterior pharyngeal wall movement during deglutition. American Journal of Speech-Language Pathology, 5(1), 23–30. https://doi.org/10.1044/1058-0360.0501.23
Robbins, J., Butler, S. G., Daniels, S. K., Gross, R. D., Langmore, S., Lazarus, C. L., Martin-Harris, B., McCabe, D., Musson, N., & Rosenbek, J. (2008). Swallowing and dysphagia rehabilitation: Translating principles of neural plasticity into clinically oriented evidence. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 51(1), S276–S300. https://doi.org/10.1044/1092-4388(2008/021)
Steele, C. M., & Huckabee, M. L. (2007). The influence of orolingual pressure on swallowing physiology. Dysphagia, 22(2), 106–116. https://doi.org/10.1007/s00455-006-9060-5
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